Este lunes y martes, en la ceremonia al Tayta Inti que realizaron mis
estudiantes del 5.º “A” y “B”, reforzados con la presencia de los del 4.º “A” y
“B” respectivamente, trajeron la música andina. No me refiero al sonido ni a
las voces humanas que pudimos escuchar, sino que, sumado a estos, se pudo oír
el sonido del recorrido del viento, de las aguas y del silencio de los Andes. Y
esa música nos recordó el mundo antiguo en el que se basa nuestra identidad.
Con esa música del silencio, que algunas veces fue interrumpida por algunos comentarios y voces que todavía no se acostumbran a callar en un momento solemne, tenía una tarea para la cual no creo ser del todo digno: ser jurado del trabajo de los jóvenes y elegir la mejor ceremonia. Esto es sumamente difícil, siendo que, por más que trate de superponer la imparcialidad y la objetividad, al ser la ceremonia del Inti Raymi una manifestación artística y cultural, justamente por eso, siempre saldrá a relucir, en mayor o menor medida, la subjetividad. Así que espero que los detractores de mi decisión consideren esto.
A continuación, voy a describir lo que vi: entre aciertos y desaciertos,
aquello que logró evocar en mí la participación del 5.º y 4.º “A”.
Quiero decir que, por ser los primeros, tuvieron la ventaja de la sorpresa,
porque era la primera vez que iba a ver el Inti Raymi en mi querida I.E.
Toribio Rodríguez de Mendoza y, además, porque esta escenificación no tenía por
qué ser más que un trabajo de mi área. No tenía la expectativa de que se
presentara algo tan grande. Aquí los chicos del 5.º “A” no me desilusionaron;
supieron explotar esa oportunidad.
Me gustó mucho la aparición de los Auqakuna (guerreros de los suyus). En
especial, hubo algunos jóvenes que se creyeron el papel y lograron la
petrificación; fueron más los chicos del quinto “A” que los chicos del cuarto
“A”. Pero sobresalió el vestuario de los últimos, además de que estuvieron
dirigidos por un curaca de lo más imponente.
Hubo un momento disonante con la presencia de los pichaqkuna (barrenderos),
quienes no estuvieron trajeados. Ellos limpiaron el paso por donde entraría la
realeza, pero lo hicieron con sus occidentales escobas.
Creo que lo más sorprendente fue el paso de las pallas —floristas—. La
música fue muy bien elegida, pero el paso de ellas fue increíble; las chicas
fueron muy bien seleccionadas. Ellas, con su aparición, dieron el mayor color
al evento.
Del ingreso de la realeza quiero destacar el porte de la Coya, quien estaba
trajeada como una guerrera. Ella estuvo soberbia —como se demanda para su
rango—, miró de frente constantemente y mantuvo un tono serio. El Inca no
desequilibró el andar; creo que el defecto aquí fueron las vestimentas de sus
acompañantes. Quiero felicitarlos a los cuatro porque llegué a escuchar sus
voces y exclamaron la gratitud al Inti como había que hacerlo.
La presentación central era la danza, y en eso los chicos del quinto “A” no
desentonaron frente a la magnificencia del Inti Raymi. En lo personal, he
observado en otras presentaciones de los jóvenes que son los que más energía
tienen; en particular, tres chicos son los que más destreza tienen para la
inteligencia corporal-cinestésica.
Recogeré en las siguientes líneas las impresiones que dejó en mí la
participación del 5.º y 4.º “B”, reconociendo sus aciertos y desaciertos, así
como las emociones que su representación logró transmitir en mí.
Si bien ellos no tenían la ventaja de la sorpresa, sí tenían la ventaja de
haber visto lo realizado por las secciones anteriores. Además, noté la
participación de varias madres y algunos padres, lo cual fue importantísimo
para la calidad de lo entregado.
Sobre los Auqakuna, el cuarto “B” creo que tuvo el espíritu más fuerte. Hay
un grupo de jóvenes que, en especial, me parece que siempre se involucran al
cien por ciento en sus presentaciones; sin embargo, noté descoordinación en
muchas chicas del suyo al que representaban. Del quinto “A” puedo decir que
lograron mantener la quietud necesaria para representar a hombres de piedra,
pero la expresión corporal y la postura escénica no alcanzaron completamente la
imagen de solidez, rigidez y majestuosidad que este personaje requería.
El paso de las floristas fue sencillo; su vestimenta estuvo bien lograda y
acorde con la representación, por lo que considero que cumplieron con la
intención y el propósito de su participación.
Lo más impresionante de esta escenificación fue el número de participantes.
Fueron más los estudiantes que participaron; no sé si decir que fue el doble de
lo que lograron las “A”, pero se vio lleno. Además, destacó el color de las
vestimentas, sobre todo los trajes de la realeza.
El paso de la realeza fue menos soberbio. Estuvieron ricamente trajeados;
no fueron cuatro, sino cinco, puesto que la Coya llevaba una ayudante, y esto
lo hizo más grandioso. Además, la logística funcionó mejor, puesto que el Tayta
Inti fue elevado y, de esta manera, la pareja imperial tuvo una mejor
escenografía.
El Sinchi logró una buena interpretación vocal al exclamar, transmitiendo
fuerza y autoridad; sin embargo, su postura corporal perdió firmeza al
acompañar la expresión con movimientos involuntarios de los pies. Tanto el Sapa
Inca como la Coya estuvieron muy bien: sus voces se escucharon y guardaron la
solemnidad requerida. El Villac Umu no desentonó.
La danza de los jóvenes estuvo buena, pero cometieron varios errores, puesto que se escuchaba cómo coordinaban entre ellos. Además, un joven dijo una expresión coloquial para animar a sus compañeros, lo que para un público no tan acostumbrado a ceremonias de este tipo pudo haber causado alguna sonrisa.
El cierre fue genial. La realeza se desplazó y sus súbditos la siguieron formando un gran gentío de color. Aquí el elemento cantidad lo fue todo; eso es algo contundente y creo que es resultado no solo del compromiso de los chicos, sino que, por obvias razones, el logro es también de los padres que allí estuvieron presentes.
En estos días nos acompañaron las profesoras de Religión, Arte, Matemática
y de EPT. También estuvimos muy contentos porque nuestra directora, María
Estela, estuvo presente en una de las presentaciones.
Quiero decir que todo comenzó con una pequeña tarea de “Cultura Viva” que propuse a los chicos del quinto año, pero luego, por un pedido inesperado de nuestra directora y el apoyo de mis colegas, la profesora Rosario Chang y el profesor Martín Mori, esta celebración del Inti Raymi se volvió mucho más demandante.
Debo recordar aquí que los chicos del 3.º “A” ayudaron realizando el Inti.
Además, elaboraron unos links para que se puedan hacer lecturas de referencias
sobre el Inti Raymi; esto lo han trabajado con el profesor Mori y, claro, allí
también está el trabajo de nuestro colega, el profesor de AIP, Niels Arias.
Ahora me toca decir quiénes son los ganadores. Ayer, conversando con la directora, tuve la suerte de que aceptara que la representación la realicen todos los salones participantes. Claro, haremos una selección de las mejores representaciones por partes del Inti Raymi (personajes, escenas y momentos destacados), las cuales tendrán la oportunidad de presentarse este jueves a las 3:30 p. m. ante la visita de los directores de la REI 12.
Hoy me darán la lista los chicos del 5.º y 4.º “B”. Ya tengo la lista de
los chicos del 5.º y 4.º “A”, y con ambas listas haré un consolidado. Luego
entregaré una copia a cada responsable del grupo y, además, pegaré esa lista en
la entrada de mi aula para que los chicos sepan si han sido seleccionados.
Los seleccionados son los ganadores, y solo se hará efectivo su puntaje
adicional al presentarse el día jueves, cuando tendremos el gusto de ser
visitados por las autoridades de los colegios vecinos de la REI 12.
Felicidades a todos ustedes. Lo hicieron bien. Los sonidos de los Andes, de
nuestra tierra, de nuestro Perú, ascienden con el esfuerzo y dedicación de
ustedes.
Muchas gracias.

