Era la noche del 22 de junio. Me encontraba en el auditorio o, simplemente, en el "aula de Inglés", un curso que, en general, se me da bastante mal. Estaba un poco inquieto, pero sobre todo emocionado, puesto que ese día, apenas terminara la jornada escolar, tendría la oportunidad de ver la representación del Inti Raymi, una de las fiestas más importantes del Cusco, a cargo de los estudiantes de 5.º y 4.º "A".
Apenas tocó el timbre, me alisté rápidamente y
salí con dirección al aula del profesor Arias, claro, no sin antes despedirme
de la profesora Erika con un "Good bye". Cabe aclarar que fui al aula
de Ciencias Sociales en compañía de mis compañeros Alexander y Juanito, quienes
tenían la misma duda que yo: ¿realmente hoy era el día en que se realizaría el Inti
Raymi? Hay que resaltar que el profesor se encontraba bastante apurado,
precisamente porque era el día de la presentación y tenía muchas ganas de
verla. Una vez aclaradas nuestras dudas, me dirigí al patio trasero, lugar
donde se iba a desarrollar el evento, no sin antes hablar con la hermana de
Juanito, quien me acompañó hasta las últimas instancias.
Ya en el patio, me decepcioné un poco, puesto que
esperaba ver a más gente; aunque, claro, no todos aprecian el arte. Sin
embargo, me topé con muchos de mis compañeros y con muchas otras caras
conocidas. Quiero destacar a Aarón, de 1.º "B", con quien hablé sobre
los fenicios y el padre de la economía moderna, Adam Smith. Tampoco puedo dejar
de lado a mi compañera Nayla, quien me invitó unos frutos secos, muy
deliciosos, por cierto; y, cómo no, a Juanito, con quien siempre cuento con su
compañía.
Poco después llegó el profesor Arias, quien se
encontraba bastante alegre. Conversé un rato con él y me hizo algunas preguntas
sobre los colores en quechua. Dichas preguntas las respondí a la perfección,
entre una que otra broma. De esta conversación también surgió la primera
observación sobre la vestimenta. Quiero rescatar un comentario del profesor, un
tanto chistoso: "Parece más vestimenta de ángeles", refiriéndose
únicamente a un pequeño grupo, puesto que también había vestimentas muy buenas.
Por otra parte, algo que me disgustó fue el
retraso de, por lo menos, diez minutos, ya que tenía bastante tarea por hacer.
Sin duda, el más disgustado fue el profesor Arias, quien apuró a los chicos por
lo menos tres veces y, además, pidió silencio a los espectadores, quienes
estaban bastante ansiosos ese día.
Cabe aclarar que en las gradas se encontraban la
profesora Carmen y la profesora Rossi, dos promotoras de esta presentación y,
en general, personas a quienes admiro bastante por su dedicación.
La presentación empezó de una forma bastante
ruidosa, con los gritos de una alumna de 5.º "A" dando
"instrucciones", si es que así se le puede llamar. Acto seguido,
entraron en escena dos participantes que llevaban escobas y no poseían
vestimenta inca, mucho menos andina.
No pude evitar sonreír al verlos limpiar el
camino con escobas de apariencia claramente occidental; por un instante, la
modernidad se había colado en el Tahuantinsuyo. Estos dos chicos representaban
a los Pichaqkuna, quienes limpiaban el suelo antes de la entrada del Inca.
Acto seguido, entraron en escena las tres acllas, quienes lanzaron pétalos amarillos formando un camino real, donde pude distinguir a una de nuestras subbrigadieres generales institucionales, Ceida Rodríguez.
Después de formar este camino apareció el Inca,
acompañado de su Coya y de la nobleza, quienes se dirigieron hacia una
plataforma conformada por mesas y sillas. Lo más destacable fue, sin duda
alguna, la representación del Inti. Creo que es de suma importancia reconocer
el esfuerzo de los estudiantes de 3.º "A", quienes realizaron un
trabajo impecable, sacrificando incluso parte de su recreo.
Volviendo a la vestimenta, observé un detalle
bastante curioso: los escudos, que se suponía debían ser andinos, tenían una
gran semejanza con los escudos europeos. Incluso llegué a confundir uno con un
escudo inglés.
Frente al Inti, el Inca inició los rituales
sagrados en honor a su padre, el Sol. Personalmente, me hubiera gustado que una
parte de esos ritos hubiera sido en quechua, ya que eso le habría dado un toque
mucho más auténtico y cultural a la presentación.
Después de los rituales y, claro, de ofrecer la
chicha sagrada, continuó una exhibición magistral de los Hatun Runa, quienes
danzaron el Pocra Tusuy, una danza guerrera en honor al Sol. Nuevamente se notó
cierta desorganización, puesto que constantemente se escuchaba a alguien
dictando órdenes y, además, algunos pasos salían bastante descoordinados. Eso
sí, lo compensaron con la energía que transmitían durante la danza. En medio de
este baile en honor al Inti, se le rompió el mazo a uno de los guerreros; de
hecho, fue mi gran amigo Juanito quien me hizo notar ese detalle.
Después de esta maravillosa danza, el Inca retomó
los rituales para dar por finalizada la presentación. La verdad, se me hizo un
poco corta, pero eso no le quitó lo espectacular; o, por lo menos para mí, que
era la primera vez que veía una representación con tal magnificencia.
De igual manera, el profesor reconoció el
esfuerzo y la dedicación de los estudiantes, quienes practicaron constantemente
para que todo salga perfecto. Gracias a ello, pude presenciar una de las
mejores escenografías que he visto en el colegio.
Al final, ya cuando me retiraba, me despedí del
profesor Arias, quien nos recordó a mí y a mis compañeros que debíamos escribir
una crónica sobre esta, recalco, impresionante representación del Inti Raymi.
OBSERVACIÓN: Las imágenes pertenecen a la presentación central donde participaron las dos secciones de los Cuatros y Quintos.

