Entiendo que no todos comprenderán la importancia de dedicar
tiempo a estas salidas de estudio. Incluso yo mismo, en ocasiones, me cuestiono
por qué involucrarme más allá de lo rutinario en la enseñanza. Sin embargo,
siempre me gana la convicción de que la curiosidad intelectual de mis
estudiantes merece ser acompañada y guiada.
Hoy salí con los chicos del 2.º “B”, un grupo de
veinticuatro estudiantes. Como habíamos acordado el día anterior, estaría a las
8:30 a.m. en la institución educativa para recogerlos. Se les pidió llevar la
autorización firmada por sus padres y llegar unos minutos antes, con el
uniforme completo, a fin de cuidar la presentación del grupo.
Este es un grupo alegre, aunque algo distraído, propio de la
etapa de la adolescencia. Son buenos chicos y, pese a su efervescencia, saben
escuchar y dejarse orientar. Viajaron con entusiasmo, entre conversaciones y
risas, hasta llegar a tiempo al centro de Lima para iniciar nuestra primera
hora de visita, que comenzó en el parque de la Muralla, donde pudimos ver la costosa
compra de los coches de tren Caltrain
hecha por nuestro alcalde Chancho, me niego a llamarlo Porky.
Antes de ingresar a la Catedral, les hablé algo sobre la
Plaza Mayor y la influencia cultural árabe llegada con los españoles durante la
conquista y virreinato. La atención de los estudiantes no fue al 100%, pero se
animaron a preguntar y a relacionar lo que veían con los temas de la anterior
unidad de aprendizaje. Lo que me sorprendió fue su ingenua admiración por los
turistas extranjeros: los seguían con la mirada, casi fascinados, lo que me
provocó sonreír discretamente.
La Catedral está magnífica, y llama la atención que sean más
los visitantes extranjeros que los nacionales, salvo los escolares. Desde aquí
animo a los adultos a visitar la Catedral, no necesariamente desde lo
religioso, sino como una experiencia cultural que nos recuerda el valor y la
riqueza patrimonial del Perú.
Los chicos estuvieron animados sobre todo con la cripta y los
cuadros antiguos del siglo XVI. Una cosa que me pareció curioso es que en la
Catedral de Lima aún se tiene una imagen del Cardenal Juan Luis Cipriani, a
pesar de haber sido sancionado por el Papa Francisco, que en paz descanse.
Luego recorrimos la Calle de los Mercaderes y buena parte
del Jirón de la Unión, hasta llegar a la Plaza San Martín. Hicimos paradas en
casonas como el Palais Concert y la Casa Dubois, y aproveché para referirme a
la Galería Boza, cuya escalera eléctrica constituye un hito de la modernidad
limeña de mediados del siglo XX.
Finalizamos casi a las dos de la tarde. Tomamos un bus que nos cobró dos soles por estudiante; acepté sin más, pues era tarde y los chicos necesitaban almorzar. La sorpresa fue que la mayoría había traído su propia comida: de los veinticuatro, solo ocho pidieron menú en el restaurante “Frito”. Felizmente, el encargado del local mostró comprensión y nos permitió compartir el espacio sin inconvenientes, algo que en un inicio temí que fuera un problema.


