Friday, September 19, 2025

A jironear con 2do. "B"

Entiendo que no todos comprenderán la importancia de dedicar tiempo a estas salidas de estudio. Incluso yo mismo, en ocasiones, me cuestiono por qué involucrarme más allá de lo rutinario en la enseñanza. Sin embargo, siempre me gana la convicción de que la curiosidad intelectual de mis estudiantes merece ser acompañada y guiada.

Hoy salí con los chicos del 2.º “B”, un grupo de veinticuatro estudiantes. Como habíamos acordado el día anterior, estaría a las 8:30 a.m. en la institución educativa para recogerlos. Se les pidió llevar la autorización firmada por sus padres y llegar unos minutos antes, con el uniforme completo, a fin de cuidar la presentación del grupo.

Este es un grupo alegre, aunque algo distraído, propio de la etapa de la adolescencia. Son buenos chicos y, pese a su efervescencia, saben escuchar y dejarse orientar. Viajaron con entusiasmo, entre conversaciones y risas, hasta llegar a tiempo al centro de Lima para iniciar nuestra primera hora de visita, que comenzó en el parque de la Muralla, donde pudimos ver la costosa compra de los coches de  tren Caltrain hecha por nuestro alcalde Chancho, me niego a llamarlo Porky.

Antes de ingresar a la Catedral, les hablé algo sobre la Plaza Mayor y la influencia cultural árabe llegada con los españoles durante la conquista y virreinato. La atención de los estudiantes no fue al 100%, pero se animaron a preguntar y a relacionar lo que veían con los temas de la anterior unidad de aprendizaje. Lo que me sorprendió fue su ingenua admiración por los turistas extranjeros: los seguían con la mirada, casi fascinados, lo que me provocó sonreír discretamente.

El guía que nos acompañó esta vez me pareció mejor preparado que el anterior que les tocó al Segudno "A": fue más minucioso en ciertos detalles históricos, mientras que el primero había puesto énfasis en la vivencia de la religiosidad. Ambos enfoques fueron valiosos: uno desde la experiencia espiritual y otro desde el rigor histórico.

La Catedral está magnífica, y llama la atención que sean más los visitantes extranjeros que los nacionales, salvo los escolares. Desde aquí animo a los adultos a visitar la Catedral, no necesariamente desde lo religioso, sino como una experiencia cultural que nos recuerda el valor y la riqueza patrimonial del Perú.

Los chicos estuvieron animados sobre todo con la cripta y los cuadros antiguos del siglo XVI. Una cosa que me pareció curioso es que en la Catedral de Lima aún se tiene una imagen del Cardenal Juan Luis Cipriani, a pesar de haber sido sancionado por el Papa Francisco, que en paz descanse.

Luego recorrimos la Calle de los Mercaderes y buena parte del Jirón de la Unión, hasta llegar a la Plaza San Martín. Hicimos paradas en casonas como el Palais Concert y la Casa Dubois, y aproveché para referirme a la Galería Boza, cuya escalera eléctrica constituye un hito de la modernidad limeña de mediados del siglo XX.

Finalizamos casi a las dos de la tarde. Tomamos un bus que nos cobró dos soles por estudiante; acepté sin más, pues era tarde y los chicos necesitaban almorzar. La sorpresa fue que la mayoría había traído su propia comida: de los veinticuatro, solo ocho pidieron menú en el restaurante “Frito”. Felizmente, el encargado del local mostró comprensión y nos permitió compartir el espacio sin inconvenientes, algo que en un inicio temí que fuera un problema.