Hoy comenzaron oficialmente las Olimpiadas 2025 de nuestra querida institución educativa No 135 Toribio Rodríguez de Mendoza. Desde temprano se vivía un ambiente de emoción, color y un poco de nerviosismo (porque claro, todos querían ganar).
Debo confesar que, dejando de
lado la humildad que me caracteriza, creo firmemente que mi sección fue
la ganadora moral y espiritual del día.
Como tuve un pequeño contratiempo
con el sistema de evaluación, llegué algo tarde y me perdí las primeras
presentaciones. Sin embargo, llegué a tiempo para ver la participación del cuatro "A" y, también, alcancé a ver algunas que, debo admitir, me
dejaron entre sorprendido y divertido.
Por ejemplo, la del tercero “B”:
todo un espectáculo. Hicieron participar nada menos que al maestro Darwin
Rafael, quien interpretó a un hombre deshonesto y enamoradizo… ¡de tres
mujeres! No de una, no de dos, sino de tres. Una actuación tan convincente que
varios pensaron que era autobiográfica (broma…).
Luego vinieron las chicas del quinto
“A”, que hicieron unos malabares sorprendentes. Y los chicos del quinto “B”
tampoco se quedaron atrás: los accesorios que usaron merecen una mención
especial. Originalidad y estilo, aunque no sé qué estaban representando, pero
se veía bien.
Después de las presentaciones
artísticas, pasamos al terreno deportivo. La carrera de 400 metros planos fue,
digamos, un desafío a las leyes de la geometría: no había carriles definidos,
así que algunos corredores hicieron “atajos legítimos” corriendo más cerca del
centro. En otras palabras, el que corrió menos, ganó más.
En la carrera de postas, mis
muchachos del cuarto “A” lo dieron todo. Literalmente. Perdieron, sí, pero con
dignidad, entrega y… pantalones a medio camino, porque uno casi los pierde en
plena competencia. Pero eso es lo que se llama dejarlo todo en la cancha.
Eso sí, las chicas del cuarto “A”
se encargaron de limpiar el nombre del salón ganando su posta. A las justas,
pero ganaron. Hubo emoción, hubo gritos, y luego vinieron los reclamos —cómo
no— del quinto “A”, que pedía revisar los videos “porque – supuestamente - una
de las chicas de mi sección no habría hecho bien el juego”.
Nos acercamos, listos para la
revisión del VAR (o sea los videos amateurs), pero el profesor responsable, en
un acto de nobleza y sentido común, dio fe de que nuestras campeonas actuaron
correctamente. Caso cerrado, triunfo confirmado… el cuarto “A” campeón.
Y para coronar el momento, un
entusiasta padre de familia del quinto “A” me dijo que si en el video se
comprobaba que las chicas habían hecho bien el juego, nos invitaba una gaseosa
para todos. Somos 32, con tutor incluido. Así que, estimado padre, aquí dejo el
registro: la gaseosa nos corresponde por justicia deportiva y sed colectiva.
Hacer clic en el siguiente enlace:
En resumen, fue una jornada llena de risas, competencia y anécdotas memorables. Y aunque no quiero parecer parcial… el cuarto “A” brilló. Qué se le va a hacer: el talento no se disimula.
